martes, 29 de enero de 2013

presencia de sonrisas, ausencia de musas

Definitivamente, es verdadero eso de que el buen ánimo no sirve para sacar buenas letras. Lo leí una vez en una entrevista que le hacían a Sabina y me pareció un poco exagerado: "..pero me costó mucho, porque yo pasaba por una rara y mínima felicidad doméstica, y, allí, las canciones que a mí me gustan, que son desesperadas, no crecen. El desamor, sin duda, inspira. El amor es cosa de maricones".

Otra "gran verdad", como decimos en el campo, es que la vida puede ser una niña muy golosa. O te hiere para llorar hasta secarte; o bien, te saca tantas carcajadas que sientes punzones la panza. Por supuesto que, entre éstas, prefiero la exageración de la alegría, la lluvia de buenas noticias [porque también es cierta aquella afirmación de que las bendiciones, al igual que las desgracias, vienen siempre acompañadas].

Consciente de que todo es pasajero, inclusive los buenos ratos [4ta y última de la lista de certezas de esta entrada], quise honrar mi regocijo antes de que se esfumase. Se supone que debe funcionar como para el borracho, que compra el ron que le gusta, tanto para ahogar su desdicha como para bailar su alegría. Nunca he visto a un buen bebedor sustituir el contenido de su vaso porque le haya cambiado la suerte. Tras mi peculiar analogía, abrí una nueva entrada del blog, de la misma forma que hago cuando la causa es, más bien, triste.

ERROR. No funciona. Ni siquiera se le parece...Cuando escribo con dolor o con rabia, las palabras salen por montones, se tropiezan unas con otras en su afán por quedar plasmadas en la pantalla. En cambio,esta vez, en tuve que esforzarme, como cuando daban las 6 de la tarde y sabía que no había hecho la tarea.

Hoy, cuando la suma de las últimas horas arroja un saldo legítimamente feliz, compruebo que el genio de Úbeda tenía razón.  Por lo menos en mi caso, la tranquilidad no es la mejor musa; pero, vaya! cómo voy a extrañar estos días cuando me salga mejor lo que escriba...

domingo, 9 de diciembre de 2012

mi invitada de honor

Ver el vaso medio vacío o medio lleno. Dice Serrano que da igual cómo esté, si no calma tu sed. Su afirmación pasea esta noche por mi cabeza, robándome minutos de tranquilidad y haciéndome recordar mi compromiso interior de preferir la verdad ante cualquier engaño, por piadoso que sea...aún cuando la verdad duela, aún cuando lo falso se parezca a lo que querría.

Este empeño en vivir de cara a la realidad me está costando más que las dietas; más que el horrible proceso de dejarme crecer el pelo (las mujeres que han tenido el pelo corto conocen este dolor); más que tener que levantarme a trabajar los sábados.

La verdad es una mujer altanera (un hombre jamás manejaría ese nivel de prepotencia con tanta elegancia) que, en vez de sentirse halagada de que la recibas con las puertas abiertas, entra con toda su altivez y soberbia...mirándote como si estuvieras de más en el mundo. Así como Meryl Streep en esa escena genial de The Devil Wears Prada.

Siempre me ha costado manejar la falta de humildad en la gente. Lo mismo me pasa esta señora; pero es mi huésped. Yo le dí la bienvenida a mi vida y le rogué que se quedara para siempre. Le pedí que fuera  la invitada de honor en mi fiesta de amor propio y; la verdad,  siempre fui buena anfitriona. No voy a dañarme ahora.

Independientemente de que venga de gris y no de rosa [pensándolo bien, nunca me gustó el rosa]; a pesar de que lo que tiene que decir no sea lo que quiero escuchar, hoy le reitero mi deseo de que se quede. Es más, le pido que defina usted el protocolo de los próximos bailes. Vístase del color que le dé la gana...que en este lugar, más que la arrogancia, detestamos la mentira.

sábado, 10 de noviembre de 2012

quiero escribirlo. no quiero leerlo

-No tengo ganas de nada hoy. Lo único que realmente quisiera hacer es escribir- le dije, poniendo fin a la conversación en la que analizábamos el por qué de mi malhumor en esta mañana.
-No creo que quieras escribir. Cuando quieres, sólo tienes que dejar correr esos dedos. Hoy, no te veo en eso- respondió con la autoridad que le han conferido estos meses en que se ha vuelto mi hermana.

Era cierto que había amarrado mis dedos. El freno lo ponía una cabeza consciente de que era mala idea llevar al teclado tanta mala vibra. El problema esta vez no era la falta de musa; era, más bien, el desagrado que me provocaba la musa que había venido a visitarme. Su vestido gris me parecía de muy mal gusto para un sábado que se mostraba radiante...Al menos, para quienes disfrutaban del sol y la playa afuera.

Infelizmente para los bañistas, las nubes llegaron puntuales a la hora de almuerzo. -Hambrientas?- sonreí con ironía hacia la ventana. Era como si el día hubiese cambiado de idea, adoptando el mismo color de mi triste inspiración y dándome autorización para liberar todo aquello que me pesaba en el pecho: el cúmulo de pendientes sobre el escritorio, el amargo por la cancelación de un bueno compañero, la incertidumbre por lo que traería el futuro inmediato, la certeza de lo que aún duele del pasado...

En fin, todas esas cosas que siempre han sido y que suelo burlar con buen humor habían decidido amotinarse en contra de mi implacable felicidad de las últimas semanas. Mira como se ha puesto de moda esto de las manifestaciones multitudinarias!

En respuesta a su berrinche, voy a jugarles algo de psicología inversa. En vez de seguir pretendiendo que no existen, decido darles la bienvenida. Aceptar que, en este instante, estoy llena de melancolía, asustada, triste, agobiada. Aunque me duela admitirlo, aunque sé que es pasajero. "Llorar, llorar. También es bueno llorar" dice Piero.

sábado, 3 de noviembre de 2012

una versión mejorada

La conocí el año pasado y, desde el saludo, me pareció simpática. Justo por eso, me dolió tanto la noticia de que había tenido aquel accidente cardiovascular que por poco la deja en cama para siempre. 

Afortunadamente, corrió mejor suerte gracias a la rapidez con que reaccionaron sus colegas al verla caer inconsciente sobre el escritorio y por el cuidado incondicional de su novio, a quién llamaremos Matías en esta versión de la historia.

Hoy, fue grande mi alegría al visitar su oficina y encontrarme con su sonrisa al igual que un año atrás. Se ha reintegrado al trabajo y se le ve radiante, como antes. Más tarde, supe que quedaron algunas secuelas de aquel episodio, que tiene pérdida de memoria "así como las de la pecesita ésta de Nemo", me explicaba su jefa para poner azúcar en la taza de realidad amarga que me servía.

"El apoyo de Maty ha sido crucial para su reintegración. El pobre, tiene alarmas en su celular como recordatorio de los horarios de sus medicamentos. La llama varias veces al día para que no salte una sola pastilla y, 15 minutos luego, vuelve a marcar par asegurarse de que las haya tomado. Ha sido tanta su entrega que terminaron por echarlo del trabajo que tenia hace 9 años. Ha perdido todo por cuidar de ella".

Mientras escuchaba, no pude evitar recordar cuando, de niña, cuestionaba la versión barata del amor que vi durante la enfermedad de mi tía. De como su esposo cada vez entraba menos a la habitación con la excusa de que no soportaba verla sufrir. Tanto así, que un día decidió no entrar jamás. Ella no dejaría de sufrir, pero él ya no tendría que presenciarlo. Eso, parecía ser suficiente. Tremenda prueba de amor hacia sí mismo, diría yo...

Volviendo a Matías, pude saludarlo esta misma tarde. Tomamos un café y me contó de lo difícil que había sido superar aquella crisis. "La presión más fuerte fue la de firmar la autorización para que le suministraran ese medicamento que aun estaba en prueba. Gracias a Dios que reaccionó de manera positiva, no me hubiese perdonado haberle causado más dolor del que ya sentía". Qué diferente a la historia de mi tía, pensé.

Le supe cansado física y mentalmente, además de en bancarrota al haber agotado sus ahorros con las cuentas del hospital. "Cómo has podido con tanto?" me atreví a preguntar. "Mira, ella olvida miles de detalles a diario, sin embargo, nunca, ni siquiera en el hospital, se olvidó de mi. No puedo más que hacer lo mismo, no puedo olvidarme de ella". 

Matías comienza un nuevo trabajo el lunes y yo tengo un hermoso relato que contar. Qué alivio haber sustituido el barato concepto del amor que conocí durante mi infancia! Hay veces en que viene bien un borrón de memoria.

jueves, 20 de septiembre de 2012

a veces, era menos príncipe que rana

Ella aprendió a no esperar nada de él. Así lo quería, así lo aceptaba por aquello de que el amor verdadero debe ser incondicional. Pero, en noches como ésta, era imposible justificar su ausencia...creerle inocente de tanta dejadez era falta de amor propio, más que amor por él.

En sus días optimistas, le imaginaba risueño, pensativo, con su nombre a flor de piel aunque no la viera. En su afán de no romper el hechizo, mantenía flotando la burbuja en la que él era perfecto..distraído, pero noble; inmaduro, pero buena gente. Aún cuando recordaba sus palabras hirientes, prefería concentrarse en la última de sus miradas, aquella que decía que mentía cuando hablaba...

Esto era en los días más felices. Esta noche, en cambio, no quedaba mucha energía para defenderlo de la realidad que él había creado. Esta noche, estaba sola, triste, resentida, ávida de su abrazo..esta noche, el príncipe ni era azul, ni tenía caballo blanco...esta noche, su príncipe no era más que un maldito sapo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Sí, tengo un corazón

Ésta es la primera vez que inicio el título de una de las entradas del blog con letra mayúscula. La omisión ortográfica de las demás ha sido adrede; la distinción de esta vez, también lo es. Es una reiteración para quiénes guardan la duda o para los que la han manifestado en distintos escenarios..así, "dique" en son de broma, así, con la verdad del pendejo...

"Ah, pero tú sientes"..."muchachita, parece que no eres tan mala"..."tú como que eres buena...en el fondo". En muchas ocasiones he tenido que sonreír ante la sorpresa que causa el que me muestre conmovida frente a ciertos golpes. Lejos de halagarme, me duele el que se confunda fortaleza con insensibilidad.

Alguna vez, fue siempre intensa la llama y se me quemaron muchas cosas. Ahora, leo bien la receta para saber cuando hay que cocinar a fuego lento y cuando flamear. No todos los platos que nos toca sacar en el restaurante Vida salen de la cocina caliente...hay situaciones Ceviche, situaciones Gazpacho, igualmente deliciosas. 

No suelo salir en mi defensa ante estas conjeturas. He aprendido también que la gente no siembra dolor en suelo infértil. Cuando te consideran indolente, sales de la lista de prospectos para herir. Te liberas de muchas amenazas.

Ahora bien, a ése que saben de corazón fuerte..uy! nada más se jodió! A ese le toca lo que al burriquito de carga. Se le explota por su aguante...échale más que cabe!

No conozco nada más deplorable que abusar de quién merece respeto por la grandeza de su corazón. Ése que, aunque más fuerte, está lleno de amor...o no es eso de lo que está hecho un buen corazón al fin y al cabo?

"Aprendí a no querer tanto y a querer mejor" dice una de Alex Sintek. Amar a plena conciencia. No debe existir nada más puro. Quererte, a pesar de mi cordura que grita que no lo mereces...existe peor locura? dime si no es lo más humano.

jueves, 16 de agosto de 2012

hotel, dulce hotel

Hace poco más de un año, la vida se antojó de cumplirme un deseo. "Un trabajo que me permita viajar", pedía, mientras hojeaba el pasaporte en que se perdía uno que otro sello. Hoy, tengo más millas que los pilotos dice un amigo. Miro hacia atrás y sonrió, agradeciendo a aquel ángel que decidió decir que sí a uno de mis caprichos.

Empacar, desempacar es tarea de cada semana. Esta noche, por ejemplo, he confirmado reservas en Santa Cruz, La Paz, Cochabamba, Lima, Trujillo, Cuzco, Arequipa y el DF. Todas para septiembre.

Parecería que estoy en mis aguas. "Para dónde vas ahora, mariposita viajera?" dice papi cuando me llama. Juro, entonces, escuchar la canción de Daughtry, be careful what you wish for; cos, you just might get it all... 

Ciertamente, estoy a gusto. Nombro a las ciudades por el código de sus aeropuertos y cuando me piden un documento, doy mi número de pasaporte antes que el de la cédula. En ningún lugar deshago maletas. Las perchas cuelgan vacías del clóset de mi habitación en Bávaro al igual que las de los hoteles que me reciben por unos días. 

A pesar de tanto movimiento, me asusta un poco el no sentirme de ningún lado. Al compartir impresiones con colegas que llevan igual ritmo, prefiero quedarme callada cuando todos coinciden con el "ya me hace falta dormir en mi cama". Yo no siento eso. Será porque todas las camas son mías o, tal vez, porque ninguna lo sea? Duermo plácidamente esté en Santo Domingo, Bávaro o Porto Alegre y eso, lejos de hacerme ciudadana del mundo, me hace una extranjera en todas partes. 

Recibo correos de amigos que cuentan cómo van encontrando su lugar y rebusco entre mis sellos algún aeropuerto del que me haya costado despedirme. Quiero encontrar alguna pista de mi destino final. Saber que este ir y venir no serán para toda la vida. Mis ojos se detienen por un segundo sobre uno de los códigos....allí quisiera volver, realmente? de verdad sentí que pertenecía? así debe ser llegar a tu hogar?...el silencio por respuesta y la esperanza de que mi lugar también exista. 

Mientras, me devuelve al presente la parte de mi que sabe que no he llegado. Yo estoy aquí, de paso.