jueves, 20 de septiembre de 2012

a veces, era menos príncipe que rana

Ella aprendió a no esperar nada de él. Así lo quería, así lo aceptaba por aquello de que el amor verdadero debe ser incondicional. Pero, en noches como ésta, era imposible justificar su ausencia...creerle inocente de tanta dejadez era falta de amor propio, más que amor por él.

En sus días optimistas, le imaginaba risueño, pensativo, con su nombre a flor de piel aunque no la viera. En su afán de no romper el hechizo, mantenía flotando la burbuja en la que él era perfecto..distraído, pero noble; inmaduro, pero buena gente. Aún cuando recordaba sus palabras hirientes, prefería concentrarse en la última de sus miradas, aquella que decía que mentía cuando hablaba...

Esto era en los días más felices. Esta noche, en cambio, no quedaba mucha energía para defenderlo de la realidad que él había creado. Esta noche, estaba sola, triste, resentida, ávida de su abrazo..esta noche, el príncipe ni era azul, ni tenía caballo blanco...esta noche, su príncipe no era más que un maldito sapo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Sí, tengo un corazón

Ésta es la primera vez que inicio el título de una de las entradas del blog con letra mayúscula. La omisión ortográfica de las demás ha sido adrede; la distinción de esta vez, también lo es. Es una reiteración para quiénes guardan la duda o para los que la han manifestado en distintos escenarios..así, "dique" en son de broma, así, con la verdad del pendejo...

"Ah, pero tú sientes"..."muchachita, parece que no eres tan mala"..."tú como que eres buena...en el fondo". En muchas ocasiones he tenido que sonreír ante la sorpresa que causa el que me muestre conmovida frente a ciertos golpes. Lejos de halagarme, me duele el que se confunda fortaleza con insensibilidad.

Alguna vez, fue siempre intensa la llama y se me quemaron muchas cosas. Ahora, leo bien la receta para saber cuando hay que cocinar a fuego lento y cuando flamear. No todos los platos que nos toca sacar en el restaurante Vida salen de la cocina caliente...hay situaciones Ceviche, situaciones Gazpacho, igualmente deliciosas. 

No suelo salir en mi defensa ante estas conjeturas. He aprendido también que la gente no siembra dolor en suelo infértil. Cuando te consideran indolente, sales de la lista de prospectos para herir. Te liberas de muchas amenazas.

Ahora bien, a ése que saben de corazón fuerte..uy! nada más se jodió! A ese le toca lo que al burriquito de carga. Se le explota por su aguante...échale más que cabe!

No conozco nada más deplorable que abusar de quién merece respeto por la grandeza de su corazón. Ése que, aunque más fuerte, está lleno de amor...o no es eso de lo que está hecho un buen corazón al fin y al cabo?

"Aprendí a no querer tanto y a querer mejor" dice una de Alex Sintek. Amar a plena conciencia. No debe existir nada más puro. Quererte, a pesar de mi cordura que grita que no lo mereces...existe peor locura? dime si no es lo más humano.

jueves, 16 de agosto de 2012

hotel, dulce hotel

Hace poco más de un año, la vida se antojó de cumplirme un deseo. "Un trabajo que me permita viajar", pedía, mientras hojeaba el pasaporte en que se perdía uno que otro sello. Hoy, tengo más millas que los pilotos dice un amigo. Miro hacia atrás y sonrió, agradeciendo a aquel ángel que decidió decir que sí a uno de mis caprichos.

Empacar, desempacar es tarea de cada semana. Esta noche, por ejemplo, he confirmado reservas en Santa Cruz, La Paz, Cochabamba, Lima, Trujillo, Cuzco, Arequipa y el DF. Todas para septiembre.

Parecería que estoy en mis aguas. "Para dónde vas ahora, mariposita viajera?" dice papi cuando me llama. Juro, entonces, escuchar la canción de Daughtry, be careful what you wish for; cos, you just might get it all... 

Ciertamente, estoy a gusto. Nombro a las ciudades por el código de sus aeropuertos y cuando me piden un documento, doy mi número de pasaporte antes que el de la cédula. En ningún lugar deshago maletas. Las perchas cuelgan vacías del clóset de mi habitación en Bávaro al igual que las de los hoteles que me reciben por unos días. 

A pesar de tanto movimiento, me asusta un poco el no sentirme de ningún lado. Al compartir impresiones con colegas que llevan igual ritmo, prefiero quedarme callada cuando todos coinciden con el "ya me hace falta dormir en mi cama". Yo no siento eso. Será porque todas las camas son mías o, tal vez, porque ninguna lo sea? Duermo plácidamente esté en Santo Domingo, Bávaro o Porto Alegre y eso, lejos de hacerme ciudadana del mundo, me hace una extranjera en todas partes. 

Recibo correos de amigos que cuentan cómo van encontrando su lugar y rebusco entre mis sellos algún aeropuerto del que me haya costado despedirme. Quiero encontrar alguna pista de mi destino final. Saber que este ir y venir no serán para toda la vida. Mis ojos se detienen por un segundo sobre uno de los códigos....allí quisiera volver, realmente? de verdad sentí que pertenecía? así debe ser llegar a tu hogar?...el silencio por respuesta y la esperanza de que mi lugar también exista. 

Mientras, me devuelve al presente la parte de mi que sabe que no he llegado. Yo estoy aquí, de paso. 

domingo, 12 de agosto de 2012

el valor de una pérdida

Esta semana tuvo un sabor agridulce. Algunas, buenas noticias; otras, muy, muy tristes. Niza había escrito sobre la enfermedad de Bosco hacía unos días y cuando vi su mensaje en mi bandeja de entrada, apretó el nudo que traía en el estómago. "He is in dog's heaven now" decía y las lágrimas me nublaron la vista. Ya no podía leer. En realidad, ya no quería leer. Quería volar hasta Bogotá y abrazarla. Sabía que había perdido más que una mascota. Había muerto algo de ella ese día.

Me llenó un luto ajeno que no supe explicar claramente en la oficina. Por qué lloras? qué te pasa? y yo, entre sollozos, explicaba que lloraba por un perro. Un perro? pero, tuyo? no, no era mío...nadie entendía. Incluso, yo misma llegué a cuestionar mi llanto cuando llegó la noche y aún era incontrolable.

Rememoré, entonces, una conversación que había tenido uno o dos días antes en la que comentaba con un amigo el significado de las cosas en nuestras vidas...de cómo no lloré cuando me robaron el carro sin embargo, aún me dolía recordar que ese mismo amigo extravió el libro que le había prestado. "Espero que alguien lo tenga en su mesa de noche" le dije, no a modo de reproche sino, deseando realmente que mi libro no anduviera perdido en algún clóset lleno de telarañas. Su espacio en mi estante sigue vacío. En respuesta, mi interlocutor pidió excusas y le perdoné por enésima vez. Concluimos en que no debe cuestionarse el valor que podemos llegar a dar a lo que parecería tan simple como un libro o una canción.

Soy super celosa con las canciones también. Las enlazo a recuerdos, a personas de manera similar a la que queda unido un buen filme a su banda sonora. No imagino "As time goes by" sonando en otra película que no sea Casablanca como, tampoco, me atrevo a bailar la canción que me dedicara algún amor pasado con un nuevo compañero. Se me enredan el alma y los pies, no por algún vestigio latente sino porque se trata de una nueva historia que necesita su propio soundtrack.

Perros, canciones, libros...cada corazón con lo que decide amar sin obligación de dar explicaciones. Es amor genuino, real...tan puro como cualquier otro y hoy me siento más que agradecida por haberme quitado un gran peso de encima: el de pretender que los demás aprueben o no mi dolor...es mi mercado y, en él, asigno yo los valores.

jueves, 7 de junio de 2012

la realidad vivida, fue antes soñada

A veces, la vida nos regala uno de esos días en que nos da por habitar lo incierto; pensar en el cómo sería, en lo que pudo haber sido. Mi primera reacción ante esas noches que amenazan con llenarse de melancolía es la de ponerme unos tenis y salir a correr. Es mi forma de no serle infiel a un presente que me ha regalado tantas cosas buenas; mi compromiso con ese ahora que no merece que la traicione prefiriendo un pasado o un futuro que no existen.

A pesar de que cada vez me hago más fuerte, no siempre gano la batalla. La última que perdí se dio la semana pasada en uno de los hoteles en los que me ha tocado dormir últimamente. No conseguía conciliar el sueño, a pesar del cansancio de ir y venir empacando y desempacando gracias a un presente que cada día se parece más a aquello que pedí al universo alguna vez. 

Daba vueltas en la cama, pasaba de una canción a otra, hasta que llegó la hora de levantarme a mi primera reunión sin haber pegado un ojo. Salí a caminar por Sao Paulo vestida con abrigo y dos enormes ojeras, autoreprochándome por andar sumergida deseando nuevas cosas para mañana; agotando las horas en añoranzas, en vez de celebrar que hoy es realidad del sueño que tuve ayer. 

Iba a cada cita sin poner atención. No escuchaba lo que decían los demás, era tanto el ruido de mi debate interior. Soñar o vivir? si no alimento mi sueño de hoy, cómo hago que crezca hasta ser realidad mañana? y si no llega el mañana? y por estar soñando me pierdo el hoy? La parte que sueña y la parte que es, conviven en mi. Me visto de imparcialidad y permito a cada una su espacio. Decido darme una tregua y brindarme un café . Con el primer sorbo, hago las paces conmigo misma y suena en mi cabeza  la melodía esa de Jarabe de Palo "sueño con los ojos abiertos; puede que pienses que estoy loco porque me creo lo que sueño" 

lunes, 7 de noviembre de 2011

serendipity

Teníamos reunión a las 10:30 a..m. Llegó temprano, acompañada de una amiga. Ambas llevaban vestidos que dejaban entrever sus trajes de baño debajo. Qué buena vida!-pensé. Luego me convencería de que vender su proyecto con propiedad no imponía códigos de vestimenta.  

Tras llegar a un acuerdo, las invité a almorzar. Aceptaron con la condición de que dejaríamos el tema original en la oficina y que, mientras comíamos, quedaba prohibido hablar de trabajo. Entre la ensalada y la sopa, supe que vivían en Miami, que tenia, cada una, más de 45 años y, por lo menos, 3 cirugías plásticas. 

Ya en el plato fuerte, supe que la mayor había elegido no casarse, ni tener hijos: "Son tan monos, los chiquillos! me encantan de a ratos! Unos sobrinos me vienen fenomenal. Felicito a quienes deciden ser madres, pero eso de un compromiso de por vida, no es lo mio". Admiré su autenticidad.

Charlábamos y reíamos a gusto. Llegó, entonces el momento de hablar de mi: Y tú, cariño? Eres casada? - ¨No. No, todavía. La verdad es que no sé si lo seré. Les expliqué de cómo había aprendido a vivir sin prisas. En lo que llega el futuro, me disfruto el presente".

"Pues que lo tenés bien pensao'! aprobó la segunda que tenía rato callada. "Mira que a las 25 pensé que estaba jamoneta, y, nada! que a los 30 me doy cuenta de que estoy en mi mejor momento! Explotamos en carcajadas. 

Al retomar la calma, se fue poniendo seria. ¨Yo, a diferencia de ésta, me comprometí hace tiempo. Verás, me gustaba el mejor amigo de mi hermano desde siempre. Lo amo desde los 5 años¨. Lejos de burlarme, presté atención y la invité con mis ojos a seguirme contando. ¨Toda la vida he sabido que era ése y como no me ha prestao´atención, que me he quedao´con los cualquiera que me hacen compañía de cuando en ve´! pero jamás, comprometerme por soledad. Como siempre supe lo que quiero, no me he tranzao´ por menos¨.

Tuve ganas de aplaudir pero me contuve. La curiosidad le ganó a la prudencia y quise saber más. Pidió otra copa de vino que le soltó la lengua y me fue enterando de cómo el tipo se casó con otra y ella tuvo hasta que bailarse la boda, simulando alegrarse por él.

25 años y 2 divorcios después, se dieron la oportunidad. Asistieron al encuentro pendiente .."y sabes qué?"- me dijo deshaciendo el cuento de hadas, "no duró ni tres meses...Lo imaginé tan perfecto que su realidad me resultó insuficiente. Mira que fue mi error creerle un príncipe al sapo éste¨. Asentí al comprender su dolor.

Invito al postre para quitarnos ese sabor amargo que deja el recordar. La animo a probar el majarete y sonrío con orgullo criollo cuando lame la cuchara.

De regreso a la mesa, la veo palidecer, al punto de tornarse blancos sus labios. Ay, no! que se me muere la doña en el hotel! no será diabética?! le pido que me explique lo que siente, le doy un vaso de agua. Apenas la escucho, ¨Está detrás de ti, en esa mesa¨. Al voltear, identifico al protagonista de la historia que me acaba de narrar sin necesidad de que me explique más.

Tantos lugares tiene el mundo, tantos hoteles en Punta Cana. Estos dos extranjeros, venir a coincidir en mi hora de almuerzo! me toca retirarme despacio, como quien escucha el relato y se siente cómplice de sus autores. Se miran, se acercan, sin mediar palabras, con la certeza de que ambos anhelaban el reencuentro.

A veces siento ganas de escribirle para saber qué pasó después, si habrán corrido mejor suerte, pero me detengo. Me basta con que, esa tarde, le pusimos final feliz al cuento.

jueves, 2 de junio de 2011

qué hay del domingo?

Me sorprendieron sus gritos en la escalera. Era joven, muy joven y de sus ojos rebozaban las lágrimas.

-Qué te pasa?-pregunté alarmada, mientras el chico que la acompañaba, trataba inútilmente de tranquilizarla. -Un tipo, trató de atracarnos, nos dimos cuenta de que no traía pistola y echamos a correr- dijo sofocado-Nos cayó atrás, pero nos escondimos en tu escalera.

Les brinde un vaso de agua y cuando estuvieron calmados, decidí llevarlos a su casa. De camino, me contaron que tienen ambos 16 años, son novios hace 8 meses y, ese domingo, iban a tomar el autobús para ir de compras.

Se despidieron con un ¨ cuídate mucho¨ y sentí tristeza por lo efímero del encuentro con mis recién adquiridas amistades. Les pedí que se cuidarán también. La niña me dio un abrazo y me aseguró que todo estaría bien - No te preocupes, estoy tranquila. Al final no se llevó el dinero, ni mi celular. No logró hacernos daño!

Ya de vuelta a casa, recordé que también tuve 16, que disfruté de amoritos de adolescente y pasé muchas tardes de domingo inventando paseos...pienso en esos días y sonrío.

Me veo reflejada en sus ojos y me avergüenza que, como sociedad, no podamos garantizarle lo que otros tuvimos. Para mi nueva amiga el recuerdo queda ahora manchado por el susto de saberse frágil, indefensa. Las tardes de sus domingos irán, por siempre, empapadas del sudor que provoca el miedo. 

Puede excusarse, ladronzuelo, diciendo que no les quitó nada. Hasta ha logrado que ella así lo crea. Lamentablemente, soy algo más escéptica. Siento que hay un daño intangible, una mancha que se hace más grande a largo plazo. Discúlpeme cuando  pregunto: y la felicidad de las tardes de domingo? Ésas, quién se las devuelve?