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domingo, 12 de agosto de 2012

el valor de una pérdida

Esta semana tuvo un sabor agridulce. Algunas, buenas noticias; otras, muy, muy tristes. Niza había escrito sobre la enfermedad de Bosco hacía unos días y cuando vi su mensaje en mi bandeja de entrada, apretó el nudo que traía en el estómago. "He is in dog's heaven now" decía y las lágrimas me nublaron la vista. Ya no podía leer. En realidad, ya no quería leer. Quería volar hasta Bogotá y abrazarla. Sabía que había perdido más que una mascota. Había muerto algo de ella ese día.

Me llenó un luto ajeno que no supe explicar claramente en la oficina. Por qué lloras? qué te pasa? y yo, entre sollozos, explicaba que lloraba por un perro. Un perro? pero, tuyo? no, no era mío...nadie entendía. Incluso, yo misma llegué a cuestionar mi llanto cuando llegó la noche y aún era incontrolable.

Rememoré, entonces, una conversación que había tenido uno o dos días antes en la que comentaba con un amigo el significado de las cosas en nuestras vidas...de cómo no lloré cuando me robaron el carro sin embargo, aún me dolía recordar que ese mismo amigo extravió el libro que le había prestado. "Espero que alguien lo tenga en su mesa de noche" le dije, no a modo de reproche sino, deseando realmente que mi libro no anduviera perdido en algún clóset lleno de telarañas. Su espacio en mi estante sigue vacío. En respuesta, mi interlocutor pidió excusas y le perdoné por enésima vez. Concluimos en que no debe cuestionarse el valor que podemos llegar a dar a lo que parecería tan simple como un libro o una canción.

Soy super celosa con las canciones también. Las enlazo a recuerdos, a personas de manera similar a la que queda unido un buen filme a su banda sonora. No imagino "As time goes by" sonando en otra película que no sea Casablanca como, tampoco, me atrevo a bailar la canción que me dedicara algún amor pasado con un nuevo compañero. Se me enredan el alma y los pies, no por algún vestigio latente sino porque se trata de una nueva historia que necesita su propio soundtrack.

Perros, canciones, libros...cada corazón con lo que decide amar sin obligación de dar explicaciones. Es amor genuino, real...tan puro como cualquier otro y hoy me siento más que agradecida por haberme quitado un gran peso de encima: el de pretender que los demás aprueben o no mi dolor...es mi mercado y, en él, asigno yo los valores.

domingo, 21 de noviembre de 2010

nuestro luto

Mi patria está de luto. Llora la partida de un hombre que vivió para servir. Frente al televisor, escucho el testimonio de un pueblo agradecido que confiesa sentirse indefenso sin Freddy Beras Goico. No soy ajena a este duelo, sin embargo, más que la muerte de un gran dominicano, es ese sentimiento de orfandad lo que provoca que las lágrimas me bañen el rostro.

Lloro porque me duele que Freddy haya sido tan grande. Hizo este hombre más de lo que estamos todos llamados a hacer? Celebró la vida, valoró a los suyos, amó a su patria, a su familia y a sus amigos y utilizó los dones que le fueron concedidos para hacer el bien.  

Deberían éstas ser acciones extraordinarias? Es tanta la escasez de nuestros valores que convierte en excepcionales a quiénes ejercen a diario el oficio de la humildad, la honradez, la responsabilidad? Era Freddy el único dominicano a quién le indignaban los abusos de poder, la carencia de salud de nuestros enfermos y la falta de educación de nuestra gente? Sólo Freddy sentía la necesidad de corregir la mediocridad de nuestros profesionales al escucharlos decir "habíanos" "tábanos"? No nos provocan estas escenas las mismas inquietudes? somos, el resto, unos indolentes?

Reclama a nuestra conciencia la desesperanza del Dr. Cruz Jiminián quién contaba con un único ciudadano, entre millones que somos, para la gestión de donaciones destinadas a la colocación de válvulas a pacientes de cardiología. Para qué carajo servimos los demás? Al reconocer el mérito del gordo, reiteramos la nobleza de su lucha, sin embargo, no nos integramos. Si su legado es tan grande como para enlutarnos el alma, no debería ser igualmente capaz de hacernos reaccionar y empezar de una maldita vez a ser mejores hombres y mujeres? 

Cada uno de nosotros tiene, a diario, la oportunidad de aportar, de contribuir. Es nuestro reto el lograr que lo correcto no sea la excepción. Las naciones son las acciones de sus hombres y la nuestra está gritando desesperada por ver a sus ciudadanos ponerse en marcha.

En teoría, todos los dominicanos somos un Freddy. Mi pregunta es: Cuándo lo seremos en la práctica? Todos sabemos lo que hay que hacer y, de no ser así, sírvanos de ejemplo quien se diferenció por la coincidencia de su hablar con su actuar. Por qué es tanto nuestro pesar? será que, al reconocer su grandeza, queda, a la vez, develada la inercia de los que quedamos?

Arrancamos, entonces? o nos vestiremos para siempre de luto al permitir que, con el cuerpo de don Freddy, quede enterrada nuestra buena voluntad?