Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de enero de 2014

el peso del primero de enero

El primero de enero hiede a borracho, a restos de comida que nadie quiere recoger, a música alta cuando ya nos duele la cabeza. El primero de enero esconde tristezas entre la resaca; llora en los baños y se retoca el delineador para esconder el cansancio de tanta algarabía desatada por haber dado otra vuelta al sol.
 
Tenemos el deber mostrarnos esperanzados el primer dia del año. La felicidad es mandatoria y los abrazos a quienes amamos deben darse o mandarse desde lejos, HOY! como si el amor tuviese fecha de caducidad y no quedara un día más para desearnos buenas cosas. Es la fecha oficial de trazar metas sólo para tener algo que lamentar 365 días más tarde, cuando nos percatemos de haber incumplido con la mayoría.

Recibimos el 1ero de enero con el alivio de quien abre la puerta a la niñera que controlará el llanto y el desorden infantil que llenan la casa. A esas 24 horas primeras les tiramos encima la responsabilidad de ser mejores que todas las anteriores; las comprometemos a purificar nuestros corazones y alcanzar nuestros objetivos. Asignamos esta tarea al calendario, a conciencia de que no le toca; a pesar de que, secretamente, reconocemos no tener idea, ni plan trazado para cotejar esa lista cuando vuelvan a sonar las 12 campanadas.

Hacemos con el nuevo año lo que con nuestros hijos. Apenas llegan, les regalamos el libro "Lo Que Debes Ser", escrito con la tinta de nuestros pendientes y temores; dejando muy poco espacio para la espontaneidad en esas espaldas recién nacidas.
 
Mi deseo para este 1ero de enero es que podamos vivirlo con autenticidad; que abracemos o lloremos no porque toca, sino porque nos da la gana; que tomemos, cada uno, las riendas de nuestras vidas y dejemos de cargar a los demás y a la fecha con las obligaciones y culpas que nunca serán más que nuestras.

Salud por un sincero 2014 que nos permita ser quienes somos sin tener que pedir excusas por ello; y que, de paso, logre sorprendernos un poco.

domingo, 21 de noviembre de 2010

nuestro luto

Mi patria está de luto. Llora la partida de un hombre que vivió para servir. Frente al televisor, escucho el testimonio de un pueblo agradecido que confiesa sentirse indefenso sin Freddy Beras Goico. No soy ajena a este duelo, sin embargo, más que la muerte de un gran dominicano, es ese sentimiento de orfandad lo que provoca que las lágrimas me bañen el rostro.

Lloro porque me duele que Freddy haya sido tan grande. Hizo este hombre más de lo que estamos todos llamados a hacer? Celebró la vida, valoró a los suyos, amó a su patria, a su familia y a sus amigos y utilizó los dones que le fueron concedidos para hacer el bien.  

Deberían éstas ser acciones extraordinarias? Es tanta la escasez de nuestros valores que convierte en excepcionales a quiénes ejercen a diario el oficio de la humildad, la honradez, la responsabilidad? Era Freddy el único dominicano a quién le indignaban los abusos de poder, la carencia de salud de nuestros enfermos y la falta de educación de nuestra gente? Sólo Freddy sentía la necesidad de corregir la mediocridad de nuestros profesionales al escucharlos decir "habíanos" "tábanos"? No nos provocan estas escenas las mismas inquietudes? somos, el resto, unos indolentes?

Reclama a nuestra conciencia la desesperanza del Dr. Cruz Jiminián quién contaba con un único ciudadano, entre millones que somos, para la gestión de donaciones destinadas a la colocación de válvulas a pacientes de cardiología. Para qué carajo servimos los demás? Al reconocer el mérito del gordo, reiteramos la nobleza de su lucha, sin embargo, no nos integramos. Si su legado es tan grande como para enlutarnos el alma, no debería ser igualmente capaz de hacernos reaccionar y empezar de una maldita vez a ser mejores hombres y mujeres? 

Cada uno de nosotros tiene, a diario, la oportunidad de aportar, de contribuir. Es nuestro reto el lograr que lo correcto no sea la excepción. Las naciones son las acciones de sus hombres y la nuestra está gritando desesperada por ver a sus ciudadanos ponerse en marcha.

En teoría, todos los dominicanos somos un Freddy. Mi pregunta es: Cuándo lo seremos en la práctica? Todos sabemos lo que hay que hacer y, de no ser así, sírvanos de ejemplo quien se diferenció por la coincidencia de su hablar con su actuar. Por qué es tanto nuestro pesar? será que, al reconocer su grandeza, queda, a la vez, develada la inercia de los que quedamos?

Arrancamos, entonces? o nos vestiremos para siempre de luto al permitir que, con el cuerpo de don Freddy, quede enterrada nuestra buena voluntad?