viernes, 17 de mayo de 2013

el reto de la doña

Quienes estuvieron en mi boda y escucharon los votos de mi ahora esposo, saben que su promesa no estuvo condicionada a que yo lo amara, lo respetara y todo el bla,bla,bla que suelen jurarse quienes se unen en matrimonio. Primero, porque ambos sabemos que esas cosas no se piden. El amor y el respeto fluyen naturalmente y se van alimentando de un día a día del que sí somos responsables. Segundo, porque mi compañero decidió comprometerme con algo mucho más sublime, más demandante, mucho menos egoísta, mucho más puro y lleno de amor del bueno: "te ofrezco (...); a cambio, sólo te pido que seas feliz".

Verán, está petición le sacó las lágrimas a casi todos nuestros invitados. A mi, no. Las mías, hacía rato, me bajaban en carrerita por los pómulos a pesar de mi afán por controlarme para que no se volviera una melcocha el maquillaje (se valía, algo de vanidad! era mi boda). Cada una de las cosas que él ponía a mi disposición ya las sabía mías. Mientras todos escuchaban admirados sus palabras tan bonitas, yo reconocía, además, que hablaba en serio. Su deseo de verme firmemente decidida a ser feliz; a enfrentar cada situación con optimismo; a no dejarme vencer por los días de lluvia; era genuino. Tanto así, que me había pagado por adelantado y no quieran ustedes saber lo que es tener ese dedito señalándolos, cada día del resto de sus vidas: "Usted prometió que sería feliz HUM"

A pesar de mis miedos, este pacto iba en serio y yo estaba diciendo que sí. Para muchos, puede sonar a tarea fácil, al mejor de los negocios. Pero yo soy "al revés, anormalita, medio rara". Para mi, era desprenderme de un traje que me había puesto hace tiempo y con el que ya me sentía bastante cómoda. Eso de ser feliz no es un "cachú" para quién tiene la melancolía como musa. Imagínese! si, cuando estoy de ánimos, oigo canciones de Serrano...Me encanta esa  que dice sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad. Conozco los momentos felices, las historias con final feliz; pero, la felicidad como estado permanente o como la obligación de la que habla Bucay siempre me ha sonado a utopia, a inalcanzable. 

Las primeras semanas de casada pudieron haber venido con recetas que me quedaran saladas o con auto reclamos por no sentirme buena ama de casa. Eso hubiese sido lo probable, lo previsible. Pues bien, nada en mi vida ha sido convencional y este comienzo como doña, tampoco. 

Mis retos han estado dentro y no fuera de mi.  Estoy en un nuevo país; lejos de la seguridad que nos da lo conocido, la familia y los amigos; y, con muchísimo tiempo libre para ponerme ñoña. Para colmo, Puerto Rico no ha tenido un solo día de sol en estas 2 semanas.  Sin dudas, a esta doña la han agarrado fuera de forma y he tenido mis recaídas. Me he descubierto más de una vez, faltando a mi promesa y eso alimenta aún más el ego de la Sra. Tristeza: "Doble falta; a ti y al hombre que amas... yo fuera tú y estaría dando gritos". 

A pesar de estos desalentadores precedentes, hice un trato que pretendo cumplir, pues creo firmemente que a la vida se le agradece viviendo plenamente, más que sobreviviendo al calendario. Nunca he sido "mala paga" y no voy a comenzar a los 30.  Además, esto lo prometí delante de mucha gente. No estoy dispuesta a pasar esa vergüenza.

Don Freddy Ginebra ha contado más de una vez de cómo se "ejercita" cada mañana frente al espejo, ensayando sonrisas. "Hay que hacer ejercicios de alegría", dice el duende. Ya estoy inscrita en un programa intensivo que hace al alma, lo que el P90X o el Insanity, al cuerpo. "Tristetomía" dice mi Coach que se llama...

Voy a considerar el haber logrado estos párrafos sobre un tema feliz como mi primera prueba superada. Toi lista! Let's dig deeper!

viernes, 15 de marzo de 2013

la imaginación se tomó el día libre

Hoy es viernes y recuerdo días como éste, en que decretaban "tema libre" en las clases de dibujo del cole. Una hoja en blanco, parecida a ésta del blog, y 60 minutos para dejar volar la creatividad del alumno; o, para descargar al profesor de poner a prueba la suya.

La mayoría de las veces, era un verdadero placer dejar volar la imaginación y que mis dedos tejieran una nueva historia a colores...eso era, la mayoría de las veces.

Había, en cambio, un escenario muy distinto cuando la musa se tomaba vacaciones. Esas otras veces, la hora de artes plásticas se convertía en una desesperante tortura...la presión de las agujas del reloj de pared mataba cualquier indicio de buena idea para plasmar en el lienzo vacío, ávido de que el producto de mis manos le diera razón de ser.

Así me pasa hoy con el blog. Sólo que, esta vez, juego ambos roles: el del profesor que llama al encendido de la chispa; y el del estudiante que no sabe cómo diablos se inicia el fuego. Tengo la madera, las piedras, y la fuerza en las manos, pero algo falla en la fricción.

A diferencia de con el fuego, no pueden forzarse las musas...la profesora deberá exonerar a esta estudiante que hoy, le devuelve su página en blanco, porque su tema es la nada, porque el creativo en su cabeza se fue de fin de semana, porque la inspiración no le llega, porque huyen de sus manos las buenas ideas.

miércoles, 13 de febrero de 2013

cobija para el alma

Miró hacia la ventana y confirmó que seguiría lloviendo. "En días como éste debería estar prohibido salir de la cama" se dijo a sí misma. 

Una taza de té, un buen libro y música de Filio. El combo estaba completo...
Mentira! no iba a disfrutar de ninguna de esas cosas mientras sintiera tanto frío. Buscó en el armario y sacó unas medias y otra sábana...Pasó un buen rato pero, sus pies y sus manos seguían helados.

-Por qué no se calientan? Por qué le costaba tanto encontrar una posición cómoda a su cuerpo? Ese cuerpo acostumbrado a la soledad de tantas habitaciones, a dormirse sin extrañar, a sentirse igual en cualquier parte del mundo, habituado a hacer de cada cama, la suya.

Entendió entonces que nada sería igual después de haber enredado sus pies junto a esos otros. Había un nuevo comienzo tras el calor que la había abrigado bajo aquella colcha... Absolutamente nada volvería a ser lo que era.

Más bien, era tiempo de escribir una nueva página al cuento. De repente, mitigó toda la brisa aquella sonrisa que se le dibujaba en el rostro, resultado de la certeza de estarse tejiendo un final feliz para las tardes de lluvia por venir!

martes, 29 de enero de 2013

presencia de sonrisas, ausencia de musas

Definitivamente, es verdadero eso de que el buen ánimo no sirve para sacar buenas letras. Lo leí una vez en una entrevista que le hacían a Sabina y me pareció un poco exagerado: "..pero me costó mucho, porque yo pasaba por una rara y mínima felicidad doméstica, y, allí, las canciones que a mí me gustan, que son desesperadas, no crecen. El desamor, sin duda, inspira. El amor es cosa de maricones".

Otra "gran verdad", como decimos en el campo, es que la vida puede ser una niña muy golosa. O te hiere para llorar hasta secarte; o bien, te saca tantas carcajadas que sientes punzones la panza. Por supuesto que, entre éstas, prefiero la exageración de la alegría, la lluvia de buenas noticias [porque también es cierta aquella afirmación de que las bendiciones, al igual que las desgracias, vienen siempre acompañadas].

Consciente de que todo es pasajero, inclusive los buenos ratos [4ta y última de la lista de certezas de esta entrada], quise honrar mi regocijo antes de que se esfumase. Se supone que debe funcionar como para el borracho, que compra el ron que le gusta, tanto para ahogar su desdicha como para bailar su alegría. Nunca he visto a un buen bebedor sustituir el contenido de su vaso porque le haya cambiado la suerte. Tras mi peculiar analogía, abrí una nueva entrada del blog, de la misma forma que hago cuando la causa es, más bien, triste.

ERROR. No funciona. Ni siquiera se le parece...Cuando escribo con dolor o con rabia, las palabras salen por montones, se tropiezan unas con otras en su afán por quedar plasmadas en la pantalla. En cambio,esta vez, en tuve que esforzarme, como cuando daban las 6 de la tarde y sabía que no había hecho la tarea.

Hoy, cuando la suma de las últimas horas arroja un saldo legítimamente feliz, compruebo que el genio de Úbeda tenía razón.  Por lo menos en mi caso, la tranquilidad no es la mejor musa; pero, vaya! cómo voy a extrañar estos días cuando me salga mejor lo que escriba...

domingo, 9 de diciembre de 2012

mi invitada de honor

Ver el vaso medio vacío o medio lleno. Dice Serrano que da igual cómo esté, si no calma tu sed. Su afirmación pasea esta noche por mi cabeza, robándome minutos de tranquilidad y haciéndome recordar mi compromiso interior de preferir la verdad ante cualquier engaño, por piadoso que sea...aún cuando la verdad duela, aún cuando lo falso se parezca a lo que querría.

Este empeño en vivir de cara a la realidad me está costando más que las dietas; más que el horrible proceso de dejarme crecer el pelo (las mujeres que han tenido el pelo corto conocen este dolor); más que tener que levantarme a trabajar los sábados.

La verdad es una mujer altanera (un hombre jamás manejaría ese nivel de prepotencia con tanta elegancia) que, en vez de sentirse halagada de que la recibas con las puertas abiertas, entra con toda su altivez y soberbia...mirándote como si estuvieras de más en el mundo. Así como Meryl Streep en esa escena genial de The Devil Wears Prada.

Siempre me ha costado manejar la falta de humildad en la gente. Lo mismo me pasa esta señora; pero es mi huésped. Yo le dí la bienvenida a mi vida y le rogué que se quedara para siempre. Le pedí que fuera  la invitada de honor en mi fiesta de amor propio y; la verdad,  siempre fui buena anfitriona. No voy a dañarme ahora.

Independientemente de que venga de gris y no de rosa [pensándolo bien, nunca me gustó el rosa]; a pesar de que lo que tiene que decir no sea lo que quiero escuchar, hoy le reitero mi deseo de que se quede. Es más, le pido que defina usted el protocolo de los próximos bailes. Vístase del color que le dé la gana...que en este lugar, más que la arrogancia, detestamos la mentira.

sábado, 10 de noviembre de 2012

quiero escribirlo. no quiero leerlo

-No tengo ganas de nada hoy. Lo único que realmente quisiera hacer es escribir- le dije, poniendo fin a la conversación en la que analizábamos el por qué de mi malhumor en esta mañana.
-No creo que quieras escribir. Cuando quieres, sólo tienes que dejar correr esos dedos. Hoy, no te veo en eso- respondió con la autoridad que le han conferido estos meses en que se ha vuelto mi hermana.

Era cierto que había amarrado mis dedos. El freno lo ponía una cabeza consciente de que era mala idea llevar al teclado tanta mala vibra. El problema esta vez no era la falta de musa; era, más bien, el desagrado que me provocaba la musa que había venido a visitarme. Su vestido gris me parecía de muy mal gusto para un sábado que se mostraba radiante...Al menos, para quienes disfrutaban del sol y la playa afuera.

Infelizmente para los bañistas, las nubes llegaron puntuales a la hora de almuerzo. -Hambrientas?- sonreí con ironía hacia la ventana. Era como si el día hubiese cambiado de idea, adoptando el mismo color de mi triste inspiración y dándome autorización para liberar todo aquello que me pesaba en el pecho: el cúmulo de pendientes sobre el escritorio, el amargo por la cancelación de un bueno compañero, la incertidumbre por lo que traería el futuro inmediato, la certeza de lo que aún duele del pasado...

En fin, todas esas cosas que siempre han sido y que suelo burlar con buen humor habían decidido amotinarse en contra de mi implacable felicidad de las últimas semanas. Mira como se ha puesto de moda esto de las manifestaciones multitudinarias!

En respuesta a su berrinche, voy a jugarles algo de psicología inversa. En vez de seguir pretendiendo que no existen, decido darles la bienvenida. Aceptar que, en este instante, estoy llena de melancolía, asustada, triste, agobiada. Aunque me duela admitirlo, aunque sé que es pasajero. "Llorar, llorar. También es bueno llorar" dice Piero.

sábado, 3 de noviembre de 2012

una versión mejorada

La conocí el año pasado y, desde el saludo, me pareció simpática. Justo por eso, me dolió tanto la noticia de que había tenido aquel accidente cardiovascular que por poco la deja en cama para siempre. 

Afortunadamente, corrió mejor suerte gracias a la rapidez con que reaccionaron sus colegas al verla caer inconsciente sobre el escritorio y por el cuidado incondicional de su novio, a quién llamaremos Matías en esta versión de la historia.

Hoy, fue grande mi alegría al visitar su oficina y encontrarme con su sonrisa al igual que un año atrás. Se ha reintegrado al trabajo y se le ve radiante, como antes. Más tarde, supe que quedaron algunas secuelas de aquel episodio, que tiene pérdida de memoria "así como las de la pecesita ésta de Nemo", me explicaba su jefa para poner azúcar en la taza de realidad amarga que me servía.

"El apoyo de Maty ha sido crucial para su reintegración. El pobre, tiene alarmas en su celular como recordatorio de los horarios de sus medicamentos. La llama varias veces al día para que no salte una sola pastilla y, 15 minutos luego, vuelve a marcar par asegurarse de que las haya tomado. Ha sido tanta su entrega que terminaron por echarlo del trabajo que tenia hace 9 años. Ha perdido todo por cuidar de ella".

Mientras escuchaba, no pude evitar recordar cuando, de niña, cuestionaba la versión barata del amor que vi durante la enfermedad de mi tía. De como su esposo cada vez entraba menos a la habitación con la excusa de que no soportaba verla sufrir. Tanto así, que un día decidió no entrar jamás. Ella no dejaría de sufrir, pero él ya no tendría que presenciarlo. Eso, parecía ser suficiente. Tremenda prueba de amor hacia sí mismo, diría yo...

Volviendo a Matías, pude saludarlo esta misma tarde. Tomamos un café y me contó de lo difícil que había sido superar aquella crisis. "La presión más fuerte fue la de firmar la autorización para que le suministraran ese medicamento que aun estaba en prueba. Gracias a Dios que reaccionó de manera positiva, no me hubiese perdonado haberle causado más dolor del que ya sentía". Qué diferente a la historia de mi tía, pensé.

Le supe cansado física y mentalmente, además de en bancarrota al haber agotado sus ahorros con las cuentas del hospital. "Cómo has podido con tanto?" me atreví a preguntar. "Mira, ella olvida miles de detalles a diario, sin embargo, nunca, ni siquiera en el hospital, se olvidó de mi. No puedo más que hacer lo mismo, no puedo olvidarme de ella". 

Matías comienza un nuevo trabajo el lunes y yo tengo un hermoso relato que contar. Qué alivio haber sustituido el barato concepto del amor que conocí durante mi infancia! Hay veces en que viene bien un borrón de memoria.