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lunes, 4 de octubre de 2010

entrevista

Qué pasa con los días de lluvia?
pues, que me entristecen.
qué tal las tardes de domingo?
lo mismo, me entristecen.
y cuando el calendario anuncia Octubre
y  la brisa suena a otoño?
me agobia el olor a pena...

Cómo se enfrenta entonces a una tarde de lluvia
de un domingo de octubre?
ja! juro que me gastan una broma
y me burlo de mi mismo.
luego medito...y si estoy siendo muy duro?
tal vez, la vida misma llora a cántaros conmigo

jueves, 20 de mayo de 2010

cuento de los días de lluvia

Las tardes de lluvia no viajan solas. Se hacen acompañar de esa señora gorda y metiche llamada melancolía.

Para deleitar a menudas visitantes, rebusco canciones tristonas que canto a todo pulmón. Para ellas, desempolvo lo más corta-venas de Calamaro, Bunbury, Vicentico...alguna de Manolo Tena. En fin, sobredosis de guitarra.

Parece gustarles el banquete que con esmero he preparado. La melancolía se pasea oronda, a sabiendas de que menuda selección es, sin duda, en su honor...se contonea orgullosa cual cubana que baila al compás de un guaguancó en alguna fiesta fuera de la isla; la tarde se rie a carcajadas a través de miles de gotas. Llueve a cántaros.

Entonces el aguacero apaga mi voz. La descarga de sentimientos y recuerdos reavivados me dejan el espíritu agotado. Es tiempo de despedirnos. "Suficiente por hoy", diría un amigo.

Las acompaño a la puerta. La tarde me mira apenada por el desorden provocado a su paso. "Perdona por el mojadero en la casa y en el alma" dice. Al besarnos, susurra en mi oído, "Sube ese ánimo! mira que, tras mi paso, suele aparecerse el sol". Sonreímos en complicidad.

La melancolía camina de prisa, altanera y ofendida al haber notado mi desesperación por que se marcharan. No se ha despedido. Descanso recostada en la puerta, aliviada de su aparente partida. Fuerte suspiro.

A lo lejos, justo antes de perderles de vista, la más regordeta se voltea y me da un guiño que entiendo a la primera: la siempre cumplida promesa de su regreso.

Le devuelvo el gesto. A pesar de la resaca que dejan a su paso, debo admitir que las extraño de vez en cuando.