El pasado domingo aparecía "apretujado" en el calendario, por lo menos en el de los dominicanos. La celebración del día de las madres coincidía, al igual que algún otro año, con el aniversario del ajusticiamiento de Rafael L. Trujillo, tirano que coartó la libertad de los dominicanos por 30 años.
Recuerdo que en el colegio nos hablaban de las múltiples atrocidades cometidas contra hombres y mujeres durante el régimen, destacando el asesinato de las tres hermanas Mirabal. Desde ese entonces creció mi admiración por las heroínas locales. Gracias a Patria, Minerva y María Teresa no tuve que asaltar las páginas de los libros de historia de otros países en búsqueda de modelos a seguir. Eran mujeres y eran nuestras.
Despertó mi deseo de conocerlas, lloré leyendo En el Tiempo de las Mariposas, y volví a llorarlas en el teatro con Yo soy Minerva. Justo el pasado viernes, leía la última página de Vivas en su Jardín, la vida de mis heroínas contada por Bélgica Mirabal (Dedé), la hermana que "quedó viva para contarnos la historia", para inmortalizar a sus mariposas a través de un relato caracterizado por el amor a la libertad y el más puro amor de madre. Al desmenuzar todo lo escrito sobre "las muchachas", fui además, tomando conciencia del heroísmo silente de esa hermana que ha sobrevivido a la tortura del luto, que salta imponente sobre el vacío causado por la pérdida como cuando cabalgaba esbelta frente al cuartel de los calieses.
Tal vez por lo reciente de mi lectura, me sentía doblemente contenta este domingo y me parecía tan hermosa esa "simple" casualidad de la fecha. Si la coincidencia de ambas conmemoraciones tuviese rostro, se parecería a Dedé. Ella, a quién le fue arrebatada la alegría en nombre de la libertad y en cuyas manos quedaron seis angelitos a quienes se dio por entera. Sumergirme en su relato fue transportarme a Ojo de Agua y hacerme una idea de lo grande de su dolor; Más aún, sentir la fuerza y el valor que tuvo que sacar de adentro para seguir adelante y criar sin reproches a sus nueve crías, entre hijos y sobrinos, y ser el apoyo de su propia madre a quien los golpes de la vida le debilitaron el alma y el cuerpo.
¿Cómo alcanza un corazón dar frente a la tragedia y caminar sin rencor? Lo logra porque es corazón de madre...Corazón que vela, que protege, que perdona...Corazón que ama, corazón que entrega. Corazón que vuela con las alas de sus tres mariposas.
No tengo el placer de conocer a Doña Dedé. He postergado mi visita a la casa-museo tantas veces. Ahora es uno de mis pendientes más urgentes. Espero poder abrazarla alguna vez y decirle lo orgullosa que me siento de las cuatro hijas de doña Chea. Como fruto de este pueblo que tanto les debe, quiero honrarlas, por ser sus vidas homenajes palpables a la libertad y a la maternidad.