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miércoles, 31 de julio de 2013

es mentira que ya no miento

"Hiéreme con la verdad, para que no me mates con la mentira" es una de las frases que aprendí de una de las personas más sinceras que conozco e incluso a esa persona le he pillado mintiendo alguna vez. Todos mentimos, unos con mayor o menor frecuencia y remordimiento que otros. 

Yo cada día miento menos; pero cuando miento, miento mejor...cosa que me asusta porque sé que de igual forma se va perfeccionando el ejercicio entre quienes me rodean y en quienes quisiera confiar. Me asquea la mentira en todas sus formas: la omisión de detalles, las medias verdades y los embustes que de tanto repetirse suenan a verdad. Todas denigran a quienes las inventamos y menosprecian la inteligencia de quien las escucha. 

Cuando nos sentimos capaces de engañar a alguien, estamos confiados en su incapacidad probable de llegarnos a descubrir. No conozco forma más descarada de reconocer la estupidez en el otro. Como no estoy interesada en rodearme de idiotas o de quienes me consideran una, me he tomado en serio el compromiso de decir la verdad, aunque duela, aunque parezca una loca, aunque no sea lo que el otro quiere escuchar...

Ni hablar de las mentiras piadosas! Éstas son las peores porque la consideración que las justifica es principalmente para con quién miente a cambio de no tener ningún dedo encima, señalando sus culpas. Cierto que además, evitan un dolor de cabeza a la otra persona, cosa que suele ser un adicional del combo. No quiero ser la papá frita en la bolsa de nadie. Que sepan quiénes me rodean que no necesito de su piedad; en cambio, agradezco infinitamente su respeto. 

"No me tomes, tontita, por tonto" canta Sabina en una de sus estrofas; y, "mi crimen fue vestir de azul al príncipe gris" se justifica en otra...Así, cada uno de nosotros es inclemente para perdonar las mentiras que escucha e implacable al defender las que dice. 

Últimamente, he dedicado mucha energía en grabar el sabor amargo que me causa sentirme víctima de un chantaje. Lo hago no por masoquismo; sino, para recordar lo insuficiente que resultaría el azúcar de una mentira mia ante el mal sabor que dejará en el alma ajena.

Me creerán si les digo que funciona?

domingo, 20 de junio de 2010

cicatrices

No tengo buena cicatrización. De niña, esto solía acomplejarme un poco. Me lastimaba con frecuencia: si corría, me caía y me sangraban las rodillas. Encima del dolor, sabía que tenía asegurada una nueva marca. Evitaba las faldas, los shorts, los vestiditos...me avergonzaban mis manchas.

Al ir creciendo, me dí cuenta de que esta deficiencia se torna aún más compleja cuando se trata de las heridas en el alma. A pesar de que logro perdonar a quien me daña, aún cuando mi corazón ha rechazado albergar rencores, me cuesta olvidar. Intento sin éxito volver a creer. Es una sensación de descontrol que hiere tanto como la ofensa primera. Me asusta pensar que el tanto caer me esté robando la confianza que siempre he tenido en la capacidad de volverme a levantar. 

Me he pasado la vida sintiéndome culpable por los dolores que alberga mi interior. He luchado contra mi naturaleza, pretendiendo borrar lo que se empeña en reiterar el tiempo; negándome a aceptar que me duelen ciertas cosas...que, aún las ya superadas, supieron arrancarme la sonrisa del rostro y que la zurrapita de cada de una de ellas sigue latente en algún lugar de mi interior. 

Hoy sé que mis manchas no deben causarme vergüenza. A pesar de ser vestigios de momentos algo más grises, también son remembranzas de aquellas pruebas que superé y que me ayudaron a convertirme en quien soy hoy día.

Cayendo aprendí a escalar. No he alcanzado la meta aún, pero tengo la certeza de estar en el camino correcto. Cada tropiezo es parte del trayecto. Mis pasos son ahora más firmes que los de ayer y, sin duda, más débiles que los que daré mañana. 

Mi presente está orgulloso de lo ganado y perdido. Mis manchitas están ahí como recordatorios que palpitan en los momentos en que, como esta madrugada, mi alma olvida que debo apostar a mi. Agradezco a cada una de las marcas sobre y bajo mi piel porque,a pesar de no ser bienvenidas, han decidido quedarse conmigo para reiterar que he logrado levantarme más de una vez.