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miércoles, 26 de enero de 2011

cuando cruzo el peaje

Dice un amigo que le cambia el humor con sólo cruzar el peaje. Yo le creo.

Y es que tienen los pueblos, en especial los del Cibao, esa capacidad maravillosa de hacerme sentir en casa. Da igual si regreso o si es mi primera visita. Entre al hogar que entre, soy bienvenida y hasta llego a dudar de que la doña no sea de verdad mi tía.

De repente, la casa refleja un ambiente festivo del que resulto ser la causa. Se arma el corre, corre! Sacan la vajilla de la vitrina. Se mueve la cortina que sirve de puerta a la habitación y un señor pide le confirmen el teléfono del compadre para invitarlo. "5467" responde la doña y me invade la rabia de pertenecer al montón de la urbe dónde no sólo es necesario memorizar teléfonos completos, sino que, para colmo, vamos por 3 prefijos. Envidio con todas mis fuerzas a quienes no han pasado a ser un número de cédula, a quiénes son todavía "hijo de don Pedro", "ahijao de Juancho". 

Dan las 12 y la mesa se viste con el más vistoso de los manteles aún cuando la cantidad de platos apenas permiten ver el tapiz. "Coma mi'jija!, Aquí les traje una ensaladita de la hoi'taliza que "habemo" en el patio y un juguito con los limones de la mata grande dei jaidín.  Matamo' una gallinita criolla y de acompaña' loj' guineo' que salien "mejoicito" de la cosecha, poique...a'Dio! con e'ta seca...bueh!" 

Escucho las quejas de corazones que se abren ante mis oídos para reafirmar que ya formo parte de la familia. Al final, y a modo de vergüenza por tanto lamento, un "Dio' noj' ampare y noj' proteja" me incluye en el manojo de bendiciones que, de seguro, llegarán porque almas como las cibaeñas deben ser de las preferidas en el cielo.

Resultan pocas las horas transcurridas. Cómo vuela el tiempo cuando la estoy pasando bien! A pesar de la brevedad de mi estadía, recibo abrazos cargados de un cariño tan genuino que olvido el ayer, ahora remoto, en que estas caras me eran desconocidas. "Vaya con Dio' mi'jija"

De regreso a casa, cruzo el peaje y vuelvo a mi identidad numérica. Cuento los días que faltan para volver a sentirme motivo de tanta alegría...cuento los días para llevar el cuerpo de vuelta.

Para el corazón no será necesario empacar, hace tiempo que vive en la "empalizá"! creo que, desde la primera visita, no ha vuelto a bajar de la loma.

jueves, 4 de noviembre de 2010

raíces

Me despierta el aguacero. Miro hacia afuera y el gris de la mañana me invita a arroparme de nuevo. Dormito por otro ratito y, a pesar de lo ligero de mi sueño, logra la imaginación transportarme a otro lugar, hasta allí donde habita mi raíz.

Tanta es la fuerza de mi deseo que escucho hacerse más intenso el golpear de las gotas de lluvia. Caen ahora sobre el techo de zinc. Huele a café y a tierra mojada. De fondo, una canción de Filio. Confiada en que mis oídos no me traicionan, tarareo "y es que vienes siempre, o casi siempre, vienes con el sol". 

La cama se va haciendo más estrecha y cuelga de un balcón...cómo adoro las hamacas! Son tan personales. Mientras el lado sin desvestir de una cama y su segunda almohada gritan que estoy sola, en una hamaca, soy el todo que llena el espacio. Me mece la brisa y su arrullo deletrea f-e-l-i-c-i-d-a-d. 

Justo entonces, el reloj me trae de vuelta. Me recuerda que es jueves, que entro a las 9, que el tránsito es horrible siempre, peor si llueve. 

Me levanto agradecida de que mi día haya valido la pena aún cuando, apenas, comienza.  "Espero reencontrarte de no cesar el aguacero". Salgo tan contenta que ni siquiera me irrita el no tener sombrilla. Mi sonrisa de hoy es "a prueba de agua". Proviene de la certeza de que esta noche, al acostarme, viajaré de vuelta a Monción.