jueves, 3 de marzo de 2011

literalmente

La discusión iba subiendo de tono cuando, de repente, escribió "es que te tomas todo muy literalmente". En ese momento, mi instinto confirmó que no tenía sentido seguir con el debate.  En cambio, mi mente cuestionaba esa última frase y, en segundos, me encontré sumergida en la duda de estar sobre actuando.

Procedí entonces, al análisis minucioso de las últimas conversaciones en búsqueda de alguna señal de mi supuesta equivocación al interpretar lo que había leido. Confieso que me encanta esto de tener conversaciones grabadas y poder repasarlas tras haberlas reposado. 

Comencé por la primera de ellas, fechada algunos meses atrás, y para mi sorpresa no estaba loca. Al releerlas, sus palabras provocaron las mismas impresiones que la vez primera. Comprendí entonces, que no era descabellado entender por los términos empleados el significado que tienen. Si alguien dice "hablamos mañana", asumo que, al dia siguiente, estaremos en contacto de alguna forma. Si no es su intención hablar tan pronto, un "hasta luego" encaja a la perfección.

Simplemente, no veo la necesidad de transmitir un mensaje "confuso". Mira que somos afortunados los de habla hispana al contar con un idioma tan vasto como el español! Pone a nuestra disposición millones de palabras, justo para que tengamos a mano la correcta para "eso" a lo que queremos referirnos. Si extrañas su cuerpo se llama "deseo"; si además, te enamoraste de su alma, se trata de "amor". Es tan simple no complicarlo.

Me sorprende que tanta gente parezca sentirse cómoda al establecer esta lucha constante contra el diccionario. Yo, por el contrario, sigo creyendo en el poder de la palabra. Añoro los tiempos en que los contratos se firmaban de "boca" porque el compromiso de lo dicho era inquebrantable.

Lo sé, soy una gran muestra de terquedad. Lejos de avergonzarme, estoy orgullosa de que mis dedos y mi boca hayan aprendido a traducir "literalmente" lo que mi mente piensa y mi corazón siente. Sería faltarme a mi misma si desvirtuara el mensaje. Hablar con sinceridad es un ejercicio que aliviana la carga del alma...lo requeterecomiendo!

Parpadea una luz verde en la pantalla que me regresa a la realidad. Interpreto que es, como en los semáforos, señal de que puedo avanzar. Invento una excusa para despedirme y cierro la ventana. Mi interlocutor secunda con un "dejémoslo ahí", que confirma su falta de interés. 

Espera! en su mundo, bien podría haber sido un "continuemos más tarde". Lo siento, no más acertijos para esta niña terca.

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