jueves, 20 de septiembre de 2012

a veces, era menos príncipe que rana

Ella aprendió a no esperar nada de él. Así lo quería, así lo aceptaba por aquello de que el amor verdadero debe ser incondicional. Pero, en noches como ésta, era imposible justificar su ausencia...creerle inocente de tanta dejadez era falta de amor propio, más que amor por él.

En sus días optimistas, le imaginaba risueño, pensativo, con su nombre a flor de piel aunque no la viera. En su afán de no romper el hechizo, mantenía flotando la burbuja en la que él era perfecto..distraído, pero noble; inmaduro, pero buena gente. Aún cuando recordaba sus palabras hirientes, prefería concentrarse en la última de sus miradas, aquella que decía que mentía cuando hablaba...

Esto era en los días más felices. Esta noche, en cambio, no quedaba mucha energía para defenderlo de la realidad que él había creado. Esta noche, estaba sola, triste, resentida, ávida de su abrazo..esta noche, el príncipe ni era azul, ni tenía caballo blanco...esta noche, su príncipe no era más que un maldito sapo.