lunes, 7 de noviembre de 2011

serendipity

Teníamos reunión a las 10:30 a..m. Llegó temprano, acompañada de una amiga. Ambas llevaban vestidos que dejaban entrever sus trajes de baño debajo. Qué buena vida!-pensé. Luego me convencería de que vender su proyecto con propiedad no imponía códigos de vestimenta.  

Tras llegar a un acuerdo, las invité a almorzar. Aceptaron con la condición de que dejaríamos el tema original en la oficina y que, mientras comíamos, quedaba prohibido hablar de trabajo. Entre la ensalada y la sopa, supe que vivían en Miami, que tenia, cada una, más de 45 años y, por lo menos, 3 cirugías plásticas. 

Ya en el plato fuerte, supe que la mayor había elegido no casarse, ni tener hijos: "Son tan monos, los chiquillos! me encantan de a ratos! Unos sobrinos me vienen fenomenal. Felicito a quienes deciden ser madres, pero eso de un compromiso de por vida, no es lo mio". Admiré su autenticidad.

Charlábamos y reíamos a gusto. Llegó, entonces el momento de hablar de mi: Y tú, cariño? Eres casada? - ¨No. No, todavía. La verdad es que no sé si lo seré. Les expliqué de cómo había aprendido a vivir sin prisas. En lo que llega el futuro, me disfruto el presente".

"Pues que lo tenés bien pensao'! aprobó la segunda que tenía rato callada. "Mira que a las 25 pensé que estaba jamoneta, y, nada! que a los 30 me doy cuenta de que estoy en mi mejor momento! Explotamos en carcajadas. 

Al retomar la calma, se fue poniendo seria. ¨Yo, a diferencia de ésta, me comprometí hace tiempo. Verás, me gustaba el mejor amigo de mi hermano desde siempre. Lo amo desde los 5 años¨. Lejos de burlarme, presté atención y la invité con mis ojos a seguirme contando. ¨Toda la vida he sabido que era ése y como no me ha prestao´atención, que me he quedao´con los cualquiera que me hacen compañía de cuando en ve´! pero jamás, comprometerme por soledad. Como siempre supe lo que quiero, no me he tranzao´ por menos¨.

Tuve ganas de aplaudir pero me contuve. La curiosidad le ganó a la prudencia y quise saber más. Pidió otra copa de vino que le soltó la lengua y me fue enterando de cómo el tipo se casó con otra y ella tuvo hasta que bailarse la boda, simulando alegrarse por él.

25 años y 2 divorcios después, se dieron la oportunidad. Asistieron al encuentro pendiente .."y sabes qué?"- me dijo deshaciendo el cuento de hadas, "no duró ni tres meses...Lo imaginé tan perfecto que su realidad me resultó insuficiente. Mira que fue mi error creerle un príncipe al sapo éste¨. Asentí al comprender su dolor.

Invito al postre para quitarnos ese sabor amargo que deja el recordar. La animo a probar el majarete y sonrío con orgullo criollo cuando lame la cuchara.

De regreso a la mesa, la veo palidecer, al punto de tornarse blancos sus labios. Ay, no! que se me muere la doña en el hotel! no será diabética?! le pido que me explique lo que siente, le doy un vaso de agua. Apenas la escucho, ¨Está detrás de ti, en esa mesa¨. Al voltear, identifico al protagonista de la historia que me acaba de narrar sin necesidad de que me explique más.

Tantos lugares tiene el mundo, tantos hoteles en Punta Cana. Estos dos extranjeros, venir a coincidir en mi hora de almuerzo! me toca retirarme despacio, como quien escucha el relato y se siente cómplice de sus autores. Se miran, se acercan, sin mediar palabras, con la certeza de que ambos anhelaban el reencuentro.

A veces siento ganas de escribirle para saber qué pasó después, si habrán corrido mejor suerte, pero me detengo. Me basta con que, esa tarde, le pusimos final feliz al cuento.